Artículo publicado en la revista Fuego Amigo en septiembre de de 2017 para el monográfico Cine.
De una película, normalmente, vemos el resultado y lo que viene después, entrevistas, anécdotas del rodaje y la crítica. Pero, ¿qué ha ocurrido antes de llegar a ese punto? En este artículo paseamos por las etapas previas al estreno de una película. Vamos a conocer las entrañas del cine.
El guion
La idea. Es el primer paso, imprescindible para iniciar el rodaje de una película. La idea puede proceder del propio guionista o responder a un encargo. En España esta última posibilidad es menos frecuente. Lo más común es, además, que el guionista ejerza de director, algo más extraño en países como Estados Unidos, donde cada profesional se encarga de un único proceso. Sobre la posibilidad de que una productora de cine española cuente en su plantilla con guionistas, los profesionales del cine con los que hemos hablado contestaron entre risas que “no se conoce el caso”. Lo que sí existen son guionistas habituales, a los que se llama en repetidas ocasiones para trabajar en diferentes proyectos. Ocurre lo mismo con el resto de profesionales, desde maquilladores, fotógrafos o técnicos de sonido, con los que se suele repetir si las experiencias previas han resultado positivas.
En España, como en todos los países, existen “temas tabú”, que rara vez se abordan en el cine por miedo a la crítica o al rechazo de la audiencia. Mientras que en Reino Unido el humor negro es un elemento habitual en el entretenimiento audiovisual, en España no se lleva bien, especialmente, cuando se trata de enfermedades. Uno de los casos más polémicos fue el gag de José Mota por el que Televisión Española tuvo que pedir disculpas.
La época también determina los temas prohibidos. Hoy, la escena de Buen viaje, excelencia, en la que un grupo de jóvenes pega un coche de juguete al tapón de una botella de champán que descorchan para celebrar el asesinato de Carrero Blanco, hubiera causado problemas a su director y guionista, Albert Boadella.
Hay temas o géneros que no se abordan por la falta de interés del público español, como la ciencia ficción – en este caso hay que añadir también el alto presupuesto que requieren. En términos generales, en España gusta más el costumbrismo que siempre suele estar presente, combinado con las tendencias del momento. En la actualidad están de moda los thrillers, las historias de corrupción, de detectives y la comedia.
Un aspecto interesante son las tendencias en los finales de las películas. Los gustos del momento y en este caso, probablemente también la situación económica, empujan a un predominio de finales felices. La crítica es uno de los sectores que más presión ejerce para seguir esta moda importada de Estados Unidos, por la que ante todo, el espectador debe salir contento y esperanzado de la sala de cine. A este respecto, Emeterio Díez, profesor de cine, llama la atención sobre la imposición del modelo estadounidense: “El drama, a diferencia de otras décadas, es que se ha impuesto un único modelo de ver. Una película soviética no tenía la misma estética que una película de Hollywood o del cine francés. La única narrativa hoy es la del cine americano. La diversidad cinematográfica ha disminuido enormemente. Aquí hay un problema de educación, hay que formar al espectador para que aprecie otro tipo de cine. La dieta cultural se ha reducido a comer hamburguesas”.
A partir del momento en que se acaba de redactar el guion comienza un arduo camino. Para Juan Fernando Andrés, director y guionista, junto a Esteban Roel, de Musarañas, el momento más complicado de un rodaje es, precisamente, el período previo al rodaje: “Todo lo que hay desde que terminas el guion hasta que empiezas a rodar es la Odisea de Homero, multiplicado por diez. Lo más difícil de un rodaje es que exista”.
Desde que el guion se termina los obstáculos para llegar a buen puerto dependerán de la vía tomada. Pero en cualquiera de ellas, hay que tener en cuenta que rodar una película es caro. La primera opción es contar con una productora o un mecenas que financie la propia elaboración del guion. Bajo este modelo comenzaron a funcionar las grandes productoras estadounidenses en la década de los cuarenta y los cincuenta. Los guiones salían como churros y entre ellos, alguno daba el campanazo. Un ejemplo de ello fue Casablanca. Una más entre el montón, de la que no se esperaba más que rellenar las carteleras durante un par de semanas.
La segunda vía no se elige, porque en el proceso se pasa hambre. El guionista, por su cuenta, busca financiación una vez finalizada la redacción del guion y se dedica a llamar a la puerta de productoras y mecenas para vender su guion. Es el procedimiento más frecuente en España.
La financiación
Desde este momento hasta el montaje de la última escena, el propio guion sufrirá numerosos cambios, para terminar, en algunas ocasiones, pareciéndose poco al texto inicial. Una de las razones por las que se modifica un guion está relacionado con la financiación, un paso clave para que una película salga adelante. Puede que se eliminen escenas cuyo rodaje resulte excesivamente caro o elementos que no son del gusto de quien financia.
En España, lo frecuente es presentar el guion a una productora o una televisión. Una televisión puede ser coproductora o adquirir los derechos de una película, y quien coproduce tiene más poder para imponer modificaciones. En este punto, el prestigio y la consolidación del director será determinante para lograr defender su obra. Aunque en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, predomina el rechazo de proyectos por completo más que las reformas del guion.
Entrada del cine Paz, en Madrid, donde se expone la cartelera.
Fuente: Telemadrid.
La producción de guiones en España es destacable, sin embargo, muy pocos llegan a convertirse en películas. El tamaño de España y su rica historia cinematográfica no se refleja en la cantidad de películas que logran estrenarse. La razón es, normalmente, la falta de financiación. El período más intenso de producción se concentró entre las décadas de los ’50 y los ’70, cuando se conjugaron el impulso del cine desde el estado, la disponibilidad de financiación y el interés de la sociedad por acudir a las salas. Claro, que se debe reseñar la importante función propagandística que el cine, altamente controlado y censurado, tenía para el estado en aquel período.
En el momento actual, las televisiones son la voz de mayor peso sobre los proyectos que se convertirán en películas y, por lo tanto, en el tipo de cine que se hace. “En el momento en que una película no interese a una televisión, el proyecto está casi muerto”, explica el director de cine Juan Fernando Andrés.
A este respecto es necesario observar lo que ocurre en Televisión Española. Como televisión pública, su cometido debería ser asegurar un equilibrio entre el perfil del cine promocionado desde las televisiones comerciales y un cine más modesto o con dificultad de lograr vías de financiación alternativas. Sin embargo, este objetivo no se está cumpliendo. Y la razón es la ausencia de un modelo definido de apoyo al cine español. En estos momentos el comportamiento de Televisión Española hacia el cine se caracteriza por la falta de planificación y organización.
Sobre las populares subvenciones al cine, la realidad es más intrincada. Las dificultades son tales que resulta complicado acabar una película dependiendo de una subvención, sin contar con un amplio colchón económico de distinta procedencia. Por un lado, las cantidades aportadas no son muy elevadas y es habitual que, a pesar de contar con el apoyo financiero de una subvención, muchos proyectos cinematográficos finalmente no puedan llevarse a cabo ya que solo cubren una parte. Por otro lado, la financiación procedente de subvenciones se entrega con retraso, lo que causa perturbaciones en los calendarios de rodaje y, por lo tanto, más gastos.
El calendario y los escenarios
El período de preproducción es el más estresante. Se trata del momento de preparación para que el día que se inicia el rodaje todo esté listo. El tiempo de preproducción debería ser el mismo que el de rodaje, pero por falta de financiación se suele reducir y eso repercute en la organización del rodaje. Las películas con efectos especiales, como explosiones, o técnicas de animación precisan de una gran preparación. Cada movimiento debe estar medido para que el día del rodaje salga bien.
El otro gran desafío en esta etapa son los rodajes en exteriores. El tiempo debe estar muy calculado y la solicitud de permisos y licencias puede entorpecerlo y obligar a readaptar el calendario. Cada ciudad tiene sus normas, sus tiempos, sus requisitos y sus precios, hasta el punto de que puede resultar más rentable trasladar a todo el equipo a otra ciudad. Estas diferencias son la causa por la que unas ciudades atraen más rodajes que otras. También hay espacios en los que es más complicado rodar. Por ejemplo, cortar una calle principal, instalar grúas en espacios concurridos o grabar en medios de transporte es prácticamente imposible, aunque en algunos casos es posible si se hace por la noche. Parques y jardines tienen permisos especiales y, normalmente, los rodajes en espacios privados son posibles mediante un pago.
Más allá de las licencias y permisos, hay ocasiones en los que se precisa la cooperación institucional, como la colaboración de policías y bomberos, por ejemplo, para la cesión o reproducción de material de trabajo, insignias y uniformes.
La selección de los escenarios no siempre responde a cuestiones económicas. Si el presupuesto lo permite, la prioridad es la estética. En el cine todo es mentira, porque la realidad delante de una cámara parece de mentira. La sangre no es sangre porque la de verdad no lo parece, la lluvia no es lluvia porque la de verdad no se ve y, en ocasiones, los escenarios son recreaciones de lugares que ya existen porque en los de verdad no es posible rodar. Un ejemplo de ello es la reciente película de Álex de la Iglesia, El Bar.
Los espectadores que se muevan por Madrid habrán reconocido en el escenario de la película al célebre bar El Palentino. En realidad, se trataba de una reconstrucción. Resultaba más barato que alquilarlo durante el tiempo que duraba el rodaje y, sobre todo, era más cómodo. Por un lado, un espacio real, paradójicamente, no siempre es reconocible ante una cámara. Y, por otro lado, un espacio natural obliga a adaptarse, mientras que en una construcción es el espacio el que se adapta a las necesidades, son más seguros y permiten contar con la extensión precisa para meter las cámaras, obtener nuevos puntos de vista o rodar escenas imposibles. A los dueños del verdadero Palentino no les hubiera hecho mucha gracia el rodaje del final de El Bar.
Cartel de la película El Bar, en la que se recrea el famoso bar madrileño El Palentino.
En la preproducción también es importante atender a los pronósticos del tiempo. La climatología es uno de los factores más incontrolables y temidos por los equipos de rodaje. La lluvia puede parar un rodaje y echar a perder el trabajo de semanas, lo que implica la pérdida de dinero. Otro tipo de imprevisto que puede llevar a la paralización de un rodaje es que un actor o una actriz caigan enfermos. Por todo ello, el calendario permanece vivo mientras dure el rodaje y se readapta a día a día. No obstante, a pesar de la cantidad de factores incontrolables, lo normal es que un rodaje no se alargue más allá de la fecha prevista para su finalización.
El casting
En la mayoría de películas, el porcentaje más alto del presupuesto se invierte en las contrataciones de los equipos técnicos y artísticos. Aunque los directores y productores recurran a los mismos profesionales cuando ha habido experiencias previas positivas, los contratos son por obra y servicio. Es decir, se trata de un trabajo altamente inestable e imprevisible, razón por la cual, los sueldos son más elevados.
Uno de los procesos que más preocupa a los financiadores es el casting. El criterio que marca la elección de las actrices y actores es su popularidad. Habitualmente se impone un casting que arrastre público a las salas, que cuenten con una buena imagen pública y que se asocien a valores positivos. Se busca un elenco que garantice el éxito de la película, lo que frena la aparición de nuevos talentos. Los intérpretes se repiten en función de las modas. Pero, a su vez, puede ser su condena, ya que el encasillamiento en un perfil de personaje o la asociación a un tipo de público puede vetar la posibilidad de acceder a papeles diferentes.
Estas pautas de selección limitan el trabajo a los intérpretes, haciendo que se trate de un trabajo altamente inestable, pero, también, pone cotos a su vida personal. En los últimos años, las caras públicas del cine – al igual que en el resto de artes – se han visto obligadas a controlar sus declaraciones públicas para evitar ser castigadas por ello. Desafortunadamente, los ejemplos de estas situaciones son numerosos. Recientemente, se llamó al boicot de los trabajos en los que participaban la actriz Miren Gaztañaga o el director Fernando Trueba por expresar sus posicionamientos políticos. Concha Velasco relató cómo algunos productores le habían reconocido que las simpatías que había mostrado públicamente hacia un partido político había sido un motivo para negarle la participación en algunos proyectos.
En la imagen, una claqueta digital.
Fuente: Mttbr.
Willy Toledo fue hostigado, hasta el punto de tener que abandonar la escena cinematográfica, por mostrar abiertamente su apoyo a determinados gobiernos. Nacho Vigalondo se mudó a Estados Unidos, donde realiza exitosamente toda su producción, a causa del acoso que sufrió a raíz de un chiste que publicó en Twitter.
Este tipo de encendidas reacciones han hecho que la autocensura se haya convertido en un comportamiento habitual entre los profesionales visibles de la industria cinematográfica. El miedo se ha extendido a tal extremo que, a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, las productoras rehúyen invitar a figuras políticas a los estrenos para evitar ser castigados por su relación con ellos.
¡Acción!
En el cine, ni siquiera el tiempo es de verdad. Las escenas de las películas, normalmente, no se graban en el orden cronológico en el que finalmente aparecen. En el rodaje pueden grabarse la primera y la última escena juntas, o la muerte en primer lugar para rodar meses más tarde el nacimiento. El orden se elige por eficiencia, tiempo o disponibilidad de los intérpretes.
Esta peculiaridad puede resultar de gran complejidad para los actores, ya que no viven el desarrollo de la película. Por ejemplo, el orden de grabación puede exigirles comenzar a grabar una escena de gran carga emocional correspondiente a los últimos minutos de la película.
El audio y el vídeo se graban por separado y es el sonido de la claqueta el que permitirá que, después, ambos puedan ser sincronizados. La claqueta también indica la escena del guion y las tomas que se ruedan. Esta información se grita, lo que permite a los montadores saber cuál de todas es la correcta.
El sonido de la claqueta es el más esperado. Es el que marca que el proyecto ha comenzado y que esta vez la magia será posible.